Comportamiento de los reptiles, adaptaciones y estrategias de defensa

Comportamiento de los reptiles

Los reptiles, en su proceso de adaptación, han adquirido variedad de formas, como es el caso de las tortugas y su peculiar caparazón, las serpientes carentes de extremidades, los cocodrilos y su gran envergadura, incluso los pequeños lagartos con hábitat y costumbres muy dispares. El comportamiento de los reptiles es primordial para poder sobrevivir, tanto desde el punto de vista territorial, reproductivo, alimentación, estrategias de defensas o el propio medio en el que habitan.

Una de sus principales características es el hecho de ser animales terrestres, aunque existen un número pequeño de especies que habitan en mar abierto, por ejemplo las tortugas marinas, o en aguas dulce como es el caso de cocodrilos y caimanes. Los reptiles terrestres son poiquilotermos, es decir, carecen de mecanismos reguladores de temperatura y precisan de ciertos comportamientos para poder adaptarse al medio en que habitan, generalmente viven en un aérea territorial determinada y la mayoría de especies no realiza migraciones. Los que habitan en ambientes más extremos entran en periodo de letargio con el frío intenso, reanudando su actividad cuando el tiempo es soleado.

La delimitación de un área territorial acotado para la búsqueda de alimentos y reproducción es un comportamiento muy habitual entre los lagartos. En algunos casos, como las iguanas, se producen auténticos movimientos ritualizados que advierten al adversario un terreno ocupado por otro macho. Los lagartos varanos protagonizan incluso peleas en aras a la conquista de su dominio social. Los gecos, salamanquesas y otros reptiles recurren a vocalizaciones como medio de comunicación entre miembros del mismo grupo. Sin olvidar que muchos reptiles presentan dimorfismo sexual, por lo que ciertas coloraciones en su cuerpo, el sentido de la vista y otras características morfológicas han de estar presentes para el reconocimientos de sexos y congéneres.

En las serpientes el comportamiento territorial no es muy marcado, al igual que ocurre con los quelonios o tortugas, aunque existen ciertas excepciones en determinadas especies, en las que también se pueden producir ciertos combates con dotes de superioridad, como es el caso de la serpiente de cascabel.

El comportamiento de los reptiles también está condicionado con el cortejeo y ulterior apareamiento, comportamientos necesarios para la no extinción de la especie. Mediante refuerzo de feromonas y ciertos rituales, los machos inducen a las hembras a adoptar cierta pasividad, de esa manera hace posible que se produzca la copulación. Las estrategias son muy variadas: inmovilización, golpeteos, mordedura en la cabeza o cuello, etc. Después del apareamiento el comportamiento de los reptiles hembras es el de cavar un hoyo para la puesta de los huevos, normalmente los entierran y se desentienden de ellos, aunque en ciertas especies de reptiles se producen verdaderos cuidados maternos encaminados a la protección de su prole, por ejemplo, en algunos pitones hembras desarrollan una verdadera incubación, la cual proporciona el calor metabólico necesario para la ulterior eclosión de sus huevos.

El comportamiento de los reptiles igualmente se puede apreciar en sus estrategias de defensas ante posibles amenazas o agresiones: posiciones erguidas para parecer más grande, hacerse el muerto, autotomía caudal presente en muchos lagartos o la coloración criptica muy significativa en determinados reptiles, como es el caso de los camaleones, que les posibilita camuflarse y pasar inadvertido en su medio natural.

Aunque la mayoría de reptiles son carnívoros, la captura de alimentos también juega un papel importante desde el punto de vista del comportamiento de los reptiles. En serpientes es habitual la inyección de veneno con fines de inmovilizar a su víctima y poder digerirla sin dificultad; en boas la constricción posibilita la asfixia de su presa. Muchos lagartos esperan sigilosamente a su presa hasta poder capturarla sin dificultad, otros son más activos y buscan el alimento al azar, con ataques poderosos hacia su víctima, rematándola incluso mediante sacudidas violentas con su cabeza. En algunas especies, como la tortuga caimán, las protuberancias presentes en su lengua a modo de simular un pequeño gusano constituyen un señuelo que posibilita fácilmente la captura de peces.

Las migraciones también existen el algunos reptiles como la tortugas marinas, las cuales se desplazan hacia la costa para la puesta de sus huevos, y una vez concluida, regresan nuevamente a mar abierto. En iguanas de las Islas Galápagos también se produce el fenómeno de la migración.